jueves, 1 de octubre de 2015
Animación "Siberia"
Mención Honorífica por Mejor Animación.
4to Festival Metropolitano de Cineminuto y Nanometraje UAM-Cuajimalpa
martes, 8 de septiembre de 2015
El pájaro encantado
Era una vez una niña que tenía como mejor amigo a un pájaro. Un pájaro distinto a todos los demás: era encantado.
Si la puerta de la jaula está abierta, los pájaros comunes vuelan lejos, para no volver nunca más...
Pero el pájaro de la niña volaba libre, venía cuando la melancolía y la añoranza le golpeaban el pecho...
Ilustración basada en el libro"Vuelve, pajaro encantado" del escritor Rubén Alvez.
sábado, 8 de agosto de 2015
Pachacútec
Pachacútec[i]
Serie de ilustraciones que narra
los viajes de Illari sacerdote/curandero que viaja por el planeta ayudando a la
pachamama (Madre tierra) y a los seres humanos a reencontrarse.
Cápitulo 1 La partida
Illari participa en una ceremonia
colectiva junto con otros sacerdotes de todo el mundo, es elegido para ser el
portavoz de un cambio global necesario para regresar el equilibrio entre todos
los seres vivientes del planeta. Su primera tarea es hacer reverdecer un
antiguo lago azotado por la sequía, el cual abastece del líquido vital a toda
una población.
Viaja por encima de las montañas
en busca de la energía pulsante que se encuentra en las raíces del gran árbol
de la vida; una vez frente al gran árbol Illari toca su flauta y le compone una
melodía que hace estremecer al gran árbol, agradecido por tan magnífica
interpretación deja que Illari tome de sus raíces la energía pulsante, el nuevo
corazón reverdeciente que tanto necesita.
Al llegar al lago Illari ofrenda
el corazón al gigante de arenisca cuidador y protector de los lagos y ríos de
la zona. El corazón verde se afianza en su pecho y empiezan a penetrar los filamentos
de sus raíces entre los granos de arena compactos del gigante. Después de un
tiempo el gigante vuelve a abrir sus ojos rocosos y ayuda a Illari a realizar
un ritual para devolver el agua al lago. El gigante toma a Illari en su mano y
lo eleva cual largo es, iniciando así la ceremonia.
Illari comienza prendiendo un
poco de sahumerios de color negro para contener a los vientos, también ha
llevado un poco de agua recolectada de las altas montañas, maíz, tabaco y
azúcar, después de acomodar todo debidamente, hace un llamado con su caracol a
los 4 puntos cardinales, toma entre sus manos las hojas de coca impregnándolas
de una oración “lloren las ranas, casen las aguas, conténganse los vientos...”
Por fin tras años de intensa sequía,
la lluvia deja caer su manto durante largos días, devolviendo el agua, elemento
fundamental de las comunidades de la zona; los pobladores agradecidos con
Illari y el gigante realizan una celebración por devolver la vida a su hogar: La
pachamama.
Referencias bibliográficas
Gil García, Francisco M. 2012 «Lloren
las ranas, casen las aguas, conténganse los vientos. Rituales para llamar la lluvia
en el centro y sur andino». Revista Española de Antropología Americana 42 (1):
145-168.
[i] Se
toma del término Pachacútec/personaje histórico. Del Quechua: Pacha Kutiy Inqa
Yupanki “Inca del cambio del rumbo de la Tierra, digno de estima”.
También se consideró como referencia el Proyecto
Pachakutec, fundación comunitaria de proyectos culturales con sede en Ecuador creada
por Ñaupany Puma (www.pachakutec.com).
lunes, 27 de julio de 2015
Danza de los pajaros
La danza de los pájaros
40 x 46.5
Acrílico, goauche y tinta.
La danza como medio para evocar los deseos de la población;
mascaras tambores y baile, un episodio ritual para obtener la bendición de los
espíritus, todo dentro de una vasija en Burkina Faso país del occidente
Africano.
lunes, 29 de junio de 2015
BICHOS (Libro Plegable).
Proceso de bocetaje
Realización de los originales
Digitalización e impresión
Portada y contraportada
BICHOS
Narra la historia de una niña que odia a los insectos,
un buen día tiene un sueño que la hace pensar sobre ella y su relación con los
insectos.
lunes, 1 de junio de 2015
Procesos- El árbol del sueño
El pueblo Karajá. Procesos de bocetaje
Ilustración final
El
árbol del sueño
Un cazador llamado Uaicá
caminaba un día por el bosque, cuando, de pronto, se topó con una gran multitud
de animales que dormían bajo un gran árbol. Se acercó a ver lo que sucedía y,
en cuanto se detuvo bajo la sombra que daban aquellas grandes ramas, comenzó a
sentirse aturdido. Dando tumbos cayó entre los animales y se quedó
profundamente dormido.
Soñó con extraños animales y
con gente a la que no conocía. También soñó con su propia tribu; la tribu
jurana, y en su sueño hablo con uno de sus ancestros, Sinaá, quien revelo
muchos secretos.
Al ponerse el sol se despertó,
y regreso apresuradamente a su casa; pero al día siguiente regreso, fascinado
por aquel mundo desconocido que había vislumbrado. Volvió a quedarse dormido y
volvió a penetrar en el mundo de sus antepasados. Durante varios días Uaicá no
hizo otra cosa que dormir bajo el árbol; ni siquiera comía, desde la salida del
sol hasta su puesta. Los sueños que tenía eran tan reales que no podía pensar
en otra cosa. Al fin, Sinaá, su antepasado, le dijo:
--Esta debe ser tu última
visita al árbol, Uaicá. Si vuelves otra vez, correrás un grave peligro. Has
visto cosas más que suficientes de mi mundo.
Cuando despertó, Uaicá se quedó
mirando el árbol con mucha tristeza, sabiendo que no lo volvería a ver jamás.
Sin embargo arranco, antes de irse, unos trozos de corteza de árbol y, de
camino a casa, bajo hasta el rio y mezclo la corteza con agua para hacer una
extraña y amarga bebida. Los efectos de aquella bebida se dejaron sentir muy
pronto, y comenzó a hacer cosas dignas de poseso, pues dio en bailar y pegar
grandes saltos, hasta que al fin cayo en el rio. Entonces empezó a coger peces
con sus manos desnudas. Al final, desaparecidos los efectos de la intoxicación,
Uaicá regreso a su aldea, apretando entre sus brazos los peces que pescara, y
sintiéndose extrañamente regocijado.
Uaicá no volvió al lugar del
bosque en donde encontrara el árbol, pero siguió haciendo infusiones de la
corteza; y cuando hubo acabado la provisión que de ella hiciera poseía muchos
de los mágicos poderes del árbol. Un día en el que el hechicero de la tribu no
fue capaz de sanar a un niño enfermo, sus padres se lo llevaron a Uaicá, y éste
pudo curarlo.
La gente acudía a él cada vez
con mayor frecuencia para que los curase de sus males, y él curaba a todos
aquellos que tocaba. Sus poderes parecían aumentar, y pronto volvió a soñar y
hablo con Sinaá, que le contó cómo era el espíritu del mundo. Su fama se
extendió por el bosque entero.
Todo le fue bien a Uaicá,
hasta que tomó por esposa a una mujer pendenciera. Para ella nada estaba bien
hecho, y un día, luego de una discusión particularmente violenta, la madre de
Uaicá tomo un palo y echó a golpes a la mujer de la aldea. Semejante trato
molestó mucho a sus familiares, que decidieron vengarse matando a Uaicá.
Esperaron a que Uaicá volviera a casa con su pesca, como todas las noches, y en
cuanto se sentó a comer, su cuñado se le acerco por la espalda con un garrote
para golpearle en la cabeza. ¡Pero no es tan fácil engañar a un brujo! Uaicá
podía ver cuando le rodeaba, sin mirar, y cuando el garrote iba a estrellarse
contra él, se hizo a un lado y desapareció. Para su asombro, los parientes de
su mujer se vieron, de súbito, en un trozo de tierra desnuda: Uaicá se había
llevado la casa, el sembrado y todas sus pertenecías, sin dejar rastro de todo
ello.
Los aldeanos buscaron a Uaicá
durante días, y al fin su cuñado lo encontró, algunas millas más lejos, haciendo
un nuevo claro en el bosque. Uaicá se comportó como si nada anormal hubiera
sucedido, y accedió a regresar a la aldea. Durante un tiempo todo fue bien,
pero el malvado cuñado trato de matarlo otra vez por la espalda, cuando Uaicá
se encontraba sentado sobre una roca cenando. De nuevo se percató Uaicá de lo
que sucedía, sin necesidad de echar un vistazo a cuanto le rodeaba. Esta vez
pronuncio unas palabras antes de desaparecer:
--Nunca más volveré a la
aldea. Y tu jamás llegaras a conocer las cosas que he aprendido de nuestro
antepasado Sinaá. Has perdido el derecho a conocer los secretos del otro mundo…
Y con esto desapareció dentro
de la roca sobre la que estaba sentado y nunca más se le volvió a ver. Cuentan
que Uaicá vive aun dentro de la roca, soñando y hablando con Sinaá, año tras
año. Si alguien toca la roca, muere. Un día, un hombre de la tribu jurana, se
acercó a la roca y vio la mano de Uaicá, que se agitaba llamándolo para
llevárselo consigo al mundo de los espíritus. Pero aunque el hombre busco la
puerta, no pudo encontrar ninguna, y se marchó temblando de miedo.
martes, 26 de mayo de 2015
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